En la cama de fierro blanco sus manos nacieron bajo las sábanas como blancas arañas de cavernas.
Y ese maldito olor de hospital me rebanó las narices cortando gruesos jarabes.
De la tierra del fuego vino. Vino encendido. Vino flamante. Fue sangrado en calafates. Partido en pura nieve. Bañado de escarchas, dilui...
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